Dentro de ese juego de diálogos habría también que ubicar el establecido, dentro de su propia producción, entre el quehacer más estrictamente pictórico y la obra gráfica, una modalidad expresiva especialmente adecuada, evidentemente, para esa aludida condición de cronista crítico del artista, que Pacheco incorpora con fuerza a su bagaje como resultado de su estancia en la localidad italiana de Urbino; un diálogo que, dentro de la nutrida panoplia de los existentes en su trayectoria, es en la que especialmente, sin dar de mano, colateralmente, otros aspectos de su quehacer, se centra esta exposición. Un diálogo que a su vez propiciaría, en fecundo viaje de ida y vuelta, otro tú a tú, en este caso artístico-geográfico, entre la citada población italiana y su ciudad natal con, tras su regreso a ella finales de los años setenta, los cursos llevados a cabo en el Taller-Escuela de Grabado creado en las dependencias del Museo de Cuenca regido por Manuel Osuna Ruiz, cuya actividad se extendió y complementó con múltiples actividades, tanto en la propia ciudad como en otros puntos de la provincia, originando o potenciando la incorporación a ese modo expresivo de toda una serie de artistas nacidos o afincados en el territorio conquense – algunos incluso cursaron a su vez enseñanzas en la propia población italiana – en fértil logro que, al contrario de lo que por desgracia ocurriera con la propia actividad que lo generara, iba a perdurar hasta hoy mismo y que, junto a la vigorosa dinámica  anteriormente generada en la ciudad por la apertura años antes por Fernando Zóbel de la Colección de Arte Abstracto Español, contribuyeron sin duda al asentamiento en el campus conquense  de la propia Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla la Mancha que organiza esta muestra.

José Ángel García