El libro relata el asalto y asedio de la ciudad desde la llegada de unos ocho mil carlistas

No es una edición facsímil del texto de Santiago López, es una reedición cuidada por Francisco Javier Page, con prólogo de Ángel Luis López Villaverde

Francisco Javier Page, en su intervención relata el proceso en la búsqueda por conseguir un libro original de esta obra, -que todo el mundo cita, pero de la que nadie posee un ejemplar-. Gracias a que el Archivo Diocesano de Cuenca custodia uno de los dos únicos ejemplares que se conservan todavía, y a la figura de Vicente Malabia, quien ha permitido el acceso al texto de Santiago López. Page también se ha referido a cómo varios miembros del Ateneo de Cuenca mostraron su proyecto de recuperar este texto a los responsables Patronato Universitario Cardenal Gil de Albornoz, quienes valoraron positivamente la finalidad de ofrecer a investigadores, historiadores y público interesado en general, un trabajo que resulta de obligada referencia para quienes estudian este periodo histórico en la capital conquense. El autor ha agradecido al Ateneo conquense, Patronato Universitario y Vicerrectorado de Cultura y Extensión Universitaria su esfuerzo y trabajo para hacer posible que esta obra vea la luz.

López Saiz fue testigo de los sangrientos hechos ocurridos en Cuenca a mediados de julio de 1874. Como buen periodista, relató pormenorizadamente el asalto y asedio de la ciudad desde la llegada de unos ocho mil carlistas, la tarde del 12 de julio, hasta su partida el 18, con unos setecientos rehenes en dirección a Chelva y su liberación por el coronel José Lasso.
El libro que hoy se ha presentado no es una edición facsímil. Francisco Javier Page ha corregido minuciosamente el texto, publicado en su versión original en 1878. Ángel Luis López Villaverde, profesor de la UCLM y también miembro de la dirección del Ateneo de Cuenca, ha contextualizado la obra y los hechos en el prólogo.
El lector podrá encontrar una exposición mitificada, ciertamente, de la resistencia de la ciudad pero que se convirtió en la versión canónica de los hechos durante décadas. No fue la primera ni la última. El propio Galdós se ocupó de los hechos en uno de sus Episodios Nacionales (De Cartago a Sagunto). La diferencia es que López intentó ejercer de historiador tal como se entendía el oficio a fines del siglo XIX, como notario de los hechos, con descripciones detalladas, pocos juicios de intenciones (da a entender que hubo ayuda a los invasores entre la población conquense pero no dirige su dedo acusador contra nadie) y la aportación de otras fuentes con versiones opuestas.